TIEMPO DE PALABRA

Los que creen ser dueños de la palabra, construyen su génesis e itinerario en el encierro de un mundo fabricado a sus espaldas, el mismo al que aluden como argumento para mostrar su veracidad cuando se enteran que ya estaba dicho. Inmovilizan el pensamiento intentando perpetuar el mundo bajo su dominio.


Esta relación de impropiedad, de extrañeza, de nuestro sentir, de nuestro vivenciar con respecto del mundo que habitamos, que se metaforiza cotidiana y permanentemente en todos los ámbitos, no es más que la reacción ante la tiranía de la palabra que coloniza al ser.


En cambio los poetas, los artistas, todos los que merecen ese apelativo, se dedican a jugar con las palabras; a crear mundos en los que pueden construir sus lugares íntimos, propios. Lugares hechos con la argamasa de su propia historia, ajenos o indiferentes a los señuelos del valor mercantil de su obra, o a la condena a la marginalidad. Los artistas no son voceros (voz cero) de una palabra instituida, sino hacedores de palabra.


Por eso el Psicoanálisis es un arte.


La palabra crea mundos. No la palabra vana, sino la poética, de poiesis; el poder de la palabra no es la palabra del poder.

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